autorretrato en espejo convexo i









la mano derecha
mayor que la cabeza, tendida hacia el que mira
retirándose con suavidad, como queriendo proteger
aquello que revela.

se acompasan en un vértigo donde descansa el rostro,
que va y viene flotando, como la mano
pero que está en reposo. Es lo que queda
recluido.

Principalmente su reflejo del que el retrato
es el reflejo cuando se ha apartado.

La hora del día o la densidad de la luz
que se adhiere a su rostro lo mantienen
alerta, intacto, en un gesto recurrente
de llegada. El alma se instala.

la distancia aumenta
significativamente; o sea lo bastante para mostrar
que el alma está cautiva, tratada con humanidad,
suspendida, incapaz de avanzar mucho más lejos
que tu mirada al tiempo que intercepta

el alma ha de quedarse donde está,
aunque esté inquieta, oyendo las gotas de lluvia en el cristal
el suspiro de las hojas otoñales azotadas por el viento,
soñando con salir y ser libre, pero debe quedarse
posando en ese sitio. Esto es lo que dice el retrato.

tan poderosa
en su contención que no es posible mirarla mucho tiempo.

Georg Musche






1 comentario:

  1. convergen John Ashbery y Parmigianino en la mirada superficie preguntan por la lente de Sally Mann What Remains

    ResponderEliminar